En las todas las grandes noches del
Atlético, sus genios se han negado a quedarse dentro de su lámpara. Ocurrió en
Hamburgo con Forlán, hace ocho años. Se repitió en Bucarest con Falcao, seis
atrás. Y este miércoles, cuando la intensa bruma de las bengalas marsellesas se
disipó, sucedió lo mismo en Lyon. Desde la nada, xq el Atlético pasó
inadvertido durante un buen rato, se asomó Griezmann a su final.
Quién sabe si la última como rojiblanco
Apareció de repente para poner las dos
manos encima a esa copa q pasaba tan cerca de su puerta. Xq aunque las finales
se ganan con el corazón, siempre es mejor tener un genio de tu lado. Y así, de
la mano del francés, fue como los rojiblancos volvieron a levantar un título
cuatro años después. Aunque no entraba en sus planes, nunca está bien
despreciar una copa. Y menos si es de este tamaño
Xq al Atlético le pueden fallar muchas
cosas, pero el instinto no tiene x costumbre hacerlo y x eso se lanzó Diego
Costa a morder a Mandanda. Y x eso estaba ahí Gabi para
convertir en asistencia la indecisión de Anguissa. Y, x eso también, irrumpió
Griezmann para enmudecer a sus ruidosos compatriotas. Para engañar a todos
menos a su cabeza y a su corazón. Con ellos también empujó el q fue su primer
gol en una final
Xq hasta ese fogonazo, transcurrieron
20 minutos incómodos y algo angustiosos para el Atlético. El novato en estas
noches parecía él. Le costó saber q era lo q había ido a hacer a Lyon. Como si
no se lo hubiera recordado veces el ausente Simeone. Pero fue el Marsella
el q empezó metiendo miedo. Las constantes imprecisiones rojiblancas eran
gasolina para el motor marsellés, q fue carburando a tope con ese
desconcertante arranque de su rival. Fue un pequeño baile de bienvenida q poco
a poco se fue diluyendo
Un problema menos para el Atlético q,
sin embargo, tampoco se volvió loco x sacar pecho. Simplemente se dedicó a
contener al valiente Marsella y poner la calma con la q le gusta vivir a este
equipo. Los errores de muchos de sus adversarios son los q le habían llevado
hasta la final de la Europa League y tenía pensado seguir alimentándose de ellos.
Una simple fórmula pero q sólo el Atlético logra interpretar como ningún otro
Y cuando aún se estaba ajustando las
botas, cuando la lluvia empezó a bañar con ganas el tapete francés, volvió a
deslumbrar a todos un relámpago. Una luz cegadora llamada Griezmann. El
Atlético se subió a la espalda del Marsella cuando Mandanda trataba de alejar
un balón de su área. Y allí volvió a ocurrir lo mismo. Entre el fallo del rival
y tres toques maestros entre Saúl, Koke y el francés, todo el estadio tuvo
q postrarse. Griezmann ni se inmutó. Se quedó mirando a los ojos del meta rival
y como si estuviera jugando en una calle de su Macon natal, dibujó un dulce y
delicioso toque empapado de veneno. Era la certeza de q la Europa League
volvería a viajar a Madrid x tercera vez en ocho años. Y la certeza, también,
de q el Atlético pertenece desde hace tiempo a otro estrato social
Seguro q Luis sonrió desde arriba
cuando vio marcar a Gabi. Y cuando vio salir a su niño, a Fernando
Torres, q al fin tiene su trofeo, en el epílogo. Lyon ya no es una ciudad
maldita. Es un nuevo Edén